A lo largo de mi vida, he conocido muchas personas que simplemente "sobreviven": trabajan, cumplen con sus responsabilidades, pero sienten que algo les falta. En cambio, también he tenido el privilegio de conocer a otras que, sin importar los obstáculos, viven con entusiasmo, fuerza y claridad. ¿La diferencia? Tienen un propósito, una pasión, una razón para levantarse cada mañana.
Y esto no es solo algo bonito de decir: la ciencia lo respalda. Investigaciones recientes han demostrado que las personas que viven con un propósito claro no solo son más felices, sino que viven más años y con mejor calidad de vida. Tener un objetivo vital está directamente relacionado con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, menos síntomas de depresión, mejor regulación emocional y mayor bienestar psicológico.
Ahora bien, ¿cómo se cultiva ese propósito? Aquí es donde entra un artículo fascinante que, aunque está dirigido a la infancia, tiene lecciones poderosísimas para los adultos. Se trata del trabajo de Dana Charles McCoy y Terri J. Sabol, que propone un nuevo enfoque sobre las habilidades fundamentales para el desarrollo humano: las llamadas FOLD skills (Foundations of Learning and Development).
Estas habilidades son seis: curiosidad, creatividad, autorregulación, pensamiento crítico, representación interna del yo y toma de perspectiva. Aunque el artículo se centra en cómo desarrollarlas en la infancia, quiero hablarte de cómo estas habilidades también son clave para que, como adulto, encuentres tu propósito y vivas una vida más plena y saludable.
1. Curiosidad: la chispa del propósito
Tener curiosidad es permitirse hacer preguntas, explorar, probar cosas nuevas. La curiosidad es lo que nos conecta con lo desconocido, y sin ella, el propósito se apaga. Las personas curiosas son más propensas a reinventarse, a encontrar nuevas pasiones y a seguir aprendiendo incluso en la adultez.
2. Creatividad: tu voz única en el mundo
La creatividad no es solo pintar o escribir. Es la capacidad de imaginar, de buscar soluciones distintas, de expresarte con autenticidad. Cuando desarrollas tu creatividad, te abres a nuevas formas de ver tu vida y tus desafíos. Es un motor para el cambio y el crecimiento personal.
3. Autorregulación: la fortaleza silenciosa
Tener un propósito no significa que todo sea fácil. Requiere constancia, gestión emocional, equilibrio. La autorregulación es esa habilidad que te permite mantener el enfoque, superar obstáculos y cuidar de ti mismo sin rendirte. Es la base para sostener cualquier proyecto o sueño a largo plazo.
4. Pensamiento crítico: claridad para decidir
Vivimos rodeados de opiniones, expectativas y ruidos externos. El pensamiento crítico te da la capacidad de filtrar esa información, cuestionar, tomar decisiones conscientes y coherentes con lo que tú realmente quieres. Sin esta habilidad, es muy fácil vivir la vida que otros esperan de ti, en lugar de la que tú deseas.
5. Representación interna del yo: ¿Quién crees que eres?
Lo que crees sobre ti mismo afecta absolutamente todo: desde cómo te relacionas hasta lo que crees que mereces. Cultivar una imagen positiva, realista y compasiva de ti mismo te empodera para ir tras tus sueños. Creer en ti es el primer paso para vivir con propósito.
6. Toma de perspectiva: conexión con los demás
Un propósito auténtico rara vez es egoísta. La habilidad de ver más allá de uno mismo, de entender al otro, de colaborar, es fundamental. Nos ayuda a construir relaciones más sanas, a tener impacto social y a sentirnos parte de algo más grande.
Conclusión
Tener una pasión, un propósito, es una de las formas más potentes de cuidar tu salud mental, emocional y física. Y para encontrarlo o fortalecerlo, cultivar habilidades como la curiosidad, la creatividad, la autorregulación, el pensamiento crítico, la visión de ti mismo y la empatía es clave.
Tu propósito no tiene que ser grande ni perfecto. Solo tiene que ser tuyo.